El fantasma y la señora Muir

Si en alguna ocasión ya hablé de aquellas historias que nos acompañaron en el pasado y a las que tememos volver a revisitar años después por miedo a perder un buen recuerdo, esta que traigo hoy digamos que ilustra el caso contrario: la primera vez que vi El fantasma y la señora Muir no debía yo tener más de doce o trece años y, sin embargo, aunque suene extraño, me ganó con su factura elegante, su ritmo pausado, los diálogos tranquilos pero con punta, su música y esa preciosa fotografía en blanco y negro que tienen las películas de los años 40. 
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