Dandelion wine

Acaso sea porque estamos en enero, el verdadero comienzo del invierno, y ha llegado el momento de beber el vino del estío, de dorado diente de león, sentémonos al calor de la lumbre, aunque sea eléctrica, y bebamos de los recuerdos que nos hicieron tal como somos. 

¿Cuál fue nuestro primer recuerdo? ¿Cuál el momento en que, como Doug Spaulding, fuimos realmente conscientes de lo que significa estar vivos? Hasta llegar aquí, todos hemos recorrido un camino que nos ha dado forma. Decubrimientos realizados en eternos y soleados días de verano, cada uno idéntico al otro en apariencia pero no en contenido. Días en que se aprende que, para ser razonablemente feliz, hay que sacarle el jugo a lo que tenemos a mano en vez escuchar y dar crédito a los cantos de sirena emitidos por falsas máquinas de la felicidad. Encontrarle el punto a las tareas diarias, cotidianas y rutinarias porque, sin ellas, por ejemplo, no podríamos recolectar los preciosos dientes de león: maleza para la mayoría, flor noble para quien las sepa ver:

Viajar al pasado prendidos de los recuerdos de otro, vencer a asesinos legendarios en inferioridad de condiciones, desprenderse de las pruebas de nuestra propia infancia cuando ya nadie cree en ella, enfrentarse a todo tipo de brujas... Incluso, y no es poco importante, aprender las diferentes formas que existen de despedidas. Sí, aunque sea para volver a reencontrarse en el futuro, en otra vida y en otra historia, con tan solo una extravagancia como contraseña.

Todo esto solo puede suceder durante los largos días de verano, conscientes de estar vivos, recolectando las flores de diente de león que vamos encontrando. Porque ahora, cuando llega el invierno, nos queda el vino del estío, necesario para recordar lo que sabemos y sentir de nuevo los días soleados.
El vino de diente de león.
Las palabras sabían a verano. El vino era verano encerrado y taponado. Y ahora que Douglas sabía, realmente sabía, que estaba vivo, y se movía en el mundo para verlo y tocarlo, convenía que algo de este nuevo conocimiento, algo de este especial día de vendimia, fuera apartado y sellado, y abierto luego un día de enero, cuando nevara rápidamente y el sol estuviese oculto desde semanas o meses atrás, y el milagro, en parte olvidado, necesitara renovarse. Sería aquel un verano de insospechables maravillas, y Douglas quería que lo conservaran y ordeñaran. En cualquier momento bajaría de puntillas a ese húmedo crepúsculo y acercaría las puntas de los dedos.
Y allí, hilera sobre hilera, con el color suave de las flores que se abren a la mañana, con la luz del sol de junio tras una débil película de polvo, estaría el vino. Y al mirar el día invernal a través de la botella... la nieve se fundiría en pastos, en los árboles vivirían otra vez pájaros, hojas, y capullos, como un continente de mariposas que se alzara al viento. Y el cielo acerado sería azul.
Ten el estío en la mano, sírvete un poco de estío, un vasito nada más por supuesto, un sorbito para niños; cambia la estación en tus venas llevándote el vaso a los labios y empinando el estío.

6 comentarios:

  1. Cambia la estación en tus venas...conquistador.

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    1. De esas ocasionas en que merece la pena dejarse conquistar. ;)

      Besos.

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  2. no hay nada como un buen vino y un buen queso,

    Besos,

    ;-)

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    1. Es que un buen acompañamiento hace mucho. :)

      Besos.

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  3. "Cerró los ojos.
    Las albas de junio, los mediodías de julio, las noches de agosto habían terminado, concluido, desapareciendo para siempre, pero quedándose allí, en el interior de su cabeza. Ahora, todo un otoño, un invierno blanco, una primavera fresca y verde para sacar las sumas y totales del verano pasado. Y si olvidaba, allí estaba el vino almacenado en el sótano, numerado de día en día. Iría allí a menudo, miraría el sol de frente hasta que no pudiera mirar más, y luego cerraría los ojos y estudiaría las manchas, las cicatrices que le bailarían en los párpados tibios. Y arreglaría una y otra vez todos los juegos y reflejos hasta que el dibujo se aclarara...
    Así, pensando, Douglas se durmió."
    ....

    el último párrafo del libro, simplemente hermoso :)

    qué lindo blog, me alegro haberlo encontrado, lo recorreré con tranquilidad
    un saludo cordial :)
    claudia

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    1. Bienvenida al blog, claudia. :)

      Gracias, me alegra que te gustara, disfruta de la estancia. ;)

      Un saludo.

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