Baobab

¿Quién no ha soñado de niño con este árbol? Es imposible resistirse a su aspecto, no se sabe bien si surgen de la tierra o de los sueños pero sus ramas siempre parecen querer hablar. Un libro tiene la culpa de que los descubriera y no, no fue El Principito. Al contrario que la mayoría de los niños conocí al baobab a través de un libro que no era ni de lejos para niños: Raíces, de Alex Haley.

Aunque parezca extraño, comencé a leer este libro durante la infancia, aunque no lo terminaría hasta tener más edad. Explicaré un poco la historia: como sabe la mayoría aunque sea por la serie de TV, en este libro el autor narra la historia de su familia. A través de anécdotas de sus ancianas tías consigue tirar del hilo de los años y reconstruir su árbol familiar desde Estados Unidos hasta sus antepasados africanos, en Gambia. Toda la primera parte del libro, la más extensa, narra las vivencias de Kunta Kinte, el último miembro de su familia que nacería en África. Pues bien, me fascinó la manera en que explicaba las costumbres de la vida en la aldea, cómo vivían los niños y los adultos y cómo el autor reconstruyó una vida tan lejana. En ella, sin embargo, todavía recuerdo la presencia del baobab. Todo lo que tenía eran las descripciones del libro pero, aun así, todavía me gusta recordar esos pasajes, en los que se narraba la vida feliz de un niño y cómo iba creciendo.

Como era de esperar a aquella edad, cuando la trama empezó a complicarse dejó de interesarme. Creo recordar que, en aquel momento, dejé la historia en el momento de la llegada del protagonista a América, apresado como esclavo. Me reencontré con él uno o dos años después, ya dispuesta a seguir toda la historia, que seguía llamándome. Continué con ella y con la historia de sus descendientes, contada sin rodeos, hasta acabar al fin en la del propio escritor quien, a su vez, finalizaba contando la génesis del libro, de cómo pudo reconstruir la vida de todos.

La verdad es que es un libro que me marcó en muchos sentidos, creo que marcó la separación entre lectora infantil y lectora adulta, por ejemplo y que, todavía hoy, consigue despertar una extraña mezcla de sentimientos, pensamientos y pareceres...Y que todo comenzó bajo la sombra de un baobab.

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