A los niños del aire

Tinap
En esta época del año, sentarse en cualquier parque o plaza equivale a verse envuelto en un alegre escándalo de piares, mendigueos, revoloteos, acrobacias aéreas y torbellinos de plumas pardas. Las crías del gorrión salieron del nido hace algunas semanas, pero siguen igual de escandalosas, curiosas e insistentes.

Esto me ha hecho recordar que siempre han estado ahí, formando también parte de mi historia. Todavía recuerdo cómo de niña un gorrión tomó por costumbre frecuentar por un tiempo el balcón de casa, yo le observaba desde cierta distancia mientras daba cuenta de los trozos de manzana que dejaba para él. También recuerdo, en los lejanos veranos del pueblo, los nidos de gorriones de finales de verano en algún agujero de cualquier pared, a la que nadie echaba cuenta a pesar de las idas y venidas de los padres. O, hará cosa de un par de veranos, de cierto ejemplar al que tuve que poner a resguardo después de sufrir un pequeño accidente aéreo...

Es curioso, no es algo a lo que echemos cuenta, parte del paisaje la mayoría de las veces. ¿A quién le interesa realmente? Los vemos sin mirar. Sin embargo, al observarlos, las ciudades dejan de ser un mundo aparte, el  territorio exclusivo del hombre, y sus astucias para conseguir comida son un guiño descarado y travieso del mundo para quien quiera pararse a mirar. ¿Seríamos iguales sin ellos? Porque hace ya tiempo que nos vienen avisando de que nos dejan, que cada vez hay menos, y eso no puede ser. Ya lo dijo Miguel Hernández:
Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega. Se les ve en los rincones más apartados. Se les oye en todas partes. Corren todos los riesgos y peligros con la gracia y la seguridad que su infancia perpetua les ha dado.

8 comentarios:

  1. Están ahí y no queremos percartanos que nos miran,que,incluso,nos aman y nos quieren.

    Mientras nuestros remolinos diarios nos hacen abdicar de ellos.

    ¿Por qué tanta estulticia'

    ¿Por qué tanta prisa?

    ¿Por qué tan fatuos?

    El rematado de Miguel Hernández,glorioso.

    Un beso,Olvido

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  2. Bella anotación, debe ser delicioso tan solo sentarse a ver las plumas pardas ir y venir, e suna lastima que cada día sean menos, muchas veces las cosas bellas como los gorriones estan alli y pasan desparcibidas ante anuestros ojos. Me gusta lo escrito Miguel Hernandez, un fuerte abrazo querida amiga

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  3. @Felipe, si es que son una especie que lleva miles de años al lado del hombre. Están ahí y, queramos verlo o no, forman parte de nuestro mundo.

    Besos.

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  4. @SOLO DE INTERES, y tanto que lo es, verlos dedicados a sus asuntos en medio del paisaje urbano. :)

    Besos.

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  5. contemplar = disfrutar la belleza.

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  6. @David C., o por lo menos se intenta. ;)

    Bienvenido al blog.

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  7. Mi niña, vengo emocionada a compartir un premio contigo, y agradecerte tu apoyo en los momentos que me ha tocado vivir, muchos abrazos

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  8. @SOLO DE INTERES, ¡muchas gracias! :D Ahora mismo paso por casa a recogerlo.

    Besos.

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