Doña Fortuna y don Dinero

Pues, señores, vengamos al caso: era éste que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se veía al uno sin el otro. Tras de la soga anda el caldero; tras doña Fortuna andaba don Dinero: así sucedió que dio la gente en murmurar, por lo que determinaron casarse.
Era don Dinero un gordote rechoncho, con una cabeza redonda de oro del Perú, una barriga de plata de Méjico, unas piernas de cobre de Segovia y unas zapatas de papel de la gran fábrica de Madrid.
Doña Fortuna era una locona, sin fe ni ley, muy raspagona, muy rala, y más ciega que un topo.
No bien se hubieron los novios comido el pan de la boda, que se pusieron de esquina: la mujer quería mandar, pero don Dinero, que es engreído y soberbio, no estaba por ese gusto.

En la cuerda floja

En el momento que agosto comenzó su cuenta atrás todo empezó a cambiar. Momento extraño en el que, según el caso, unos se dejan llevar de nuevo por la rutina mientras a otros no nos queda más remedio que asomarnos al precipicio, confiar en nuestro propio equilibrio y, como si de experimentados artistas circenses se tratara,  empezar a cruzarlo hasta el otro lado. Ya sea como funambulistas de la cuerda floja o como acróbatas del trapecio, tanto da, ahí seguimos, ya comenzó la travesía. A ver cuánto dura.;)

The Mucha Style

Desde hace algunas semanas llevo dándole vueltas al tema de esta entrada, y todo porque desde que el pasado 24 de julio Google dedicó uno de sus doodles al 150º aniversario del nacimiento de Alfons Maria Mucha, ha habido un aumento considerable en el tráfico de este blog que acaba aquí, aquí, aquí o aquí.

Bueno, que me atrae el estilo Mucha no es ningún misterio, y más desde la exposición que hubo en el CaixaForum hará un par de años pero, como decía al principio, todo esto me ha hecho darle vueltas al tema del interés que todavía despierta su arte y de la influencia que ha tenido en obras posteriores, sobre todo a partir de los 60: